Inteligencia Comercial

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[La imagen del post es de Lluís Bassat por Ernesto Caparrós]


Conocí a Lluís Bassat en 1994, en una conferencia donde promocionaba su libro rojo, recién escrito. Yo estudiaba 1º de Publicidad y soñaba con ser copy, redactar textos publicitarios y también con escribir mi biografía. Tenía veintitrés años y experiencias capaces de llenar tres  Harry Potters. Mi vida estaba hecha con tapas duras.


El salón de actos del CEU estaba atestado de estudiantes y yo me sentía una jirafa en medio de la multitud. Todos esperábamos  que Lluís nos descifrara cómo lograr que las musas dejaran de ser hadas traviesas e invisibles. Aspirábamos a encontrar el santo grial de la creatividad.


Lluís acabó su conferencia que nos dejó atónitos y en la ronda de preguntas me atreví con una: «¿Cómo saber si una persona es creativa?». Lluís respondió como hacen los buenos profesores: «Una persona creativa es alguien a la que le gusta mirar, observar, que se aburre con las rutinas e itinerarios establecidos. Por eso, varía su rumbo, recorre carreteras distintas, aunque vaya mil veces al mismo lugar». En ese instante me sentí tocada por una varita mágica y parte del selecto club de los creativos.


La vida nunca es como la imaginas. Cuando acabé la universidad, la necesidad escribió por mí el guion. Después de una serie de trabajos cutres y mal pagados, de horarios infames, de prácticas sin remunerar y de un par de start-ups sin bussines angel, probé suerte en el mundo comercial.


Al saber le llaman suerte o la suerte es cuestión de saber; el caso es que por necesidad y sin guion me convertí, como Lluís Bassat, en una gran vendedora. Durante los siguientes doce años vendí pisos, fibra óptica, telecos, publicidad, prensa, radio… Gané todos los premios y reconocimientos. Me convertí en una mercenaria de las ventas. Tal vez por necesidad, tal vez porque nunca me gustó perder, ni siquiera al parchís.


El trabajo de comercial es más de actitudes que de aptitudes. Los principios son duros, hay que tener muchas ganas, pisar mucho asfalto, inflarse a hacer visitas. Requiere de una gran fuerza mental y una gran tolerancia a la frustración. También tiene muchas recompensas…


Yo, siempre rebelde e inconcormista, quería dejar de ser pobre, trabajar a la luz del día, fuera de un despacho, pisar la calle, hablar con la gente, establecer relaciones,  ayudar a las personas a mejorar sus vidas, y ganar dinero, mucho dinero. Todos estos aspectos que ahora llaman motivación.

La inteligencia emocional es vital, nos  permite relacionarnos más y mejor
En el ámbito comercial, es crucial desarrollar habilidades sociales que permitan al vendedor obtener el mayor rendimiento posible de las relaciones 


Decía Oscar Wilde: «La gente que se resiste al cambio no puede resistir cambiar a peor».  Así que en  2008, en plena crisis económica y cobrando un pastón, me dio por cambiar. Salté del barco de los ejecutivos, de los objetivos infinitos, de la obsesión por los números, de la lucha en la selva, dentro y fuera de la empresa. Ahora soy una «autónoma suicida» y enseño a vender.


Soy testigo del gran cambio que han experimentado las empresas y que ha transformado nuestro mercado: de números avariciosos hacia un mercado de conversaciones, cuyo paisaje es más emocional. 


En  2011, Lluís Bassat publicó su libro Inteligencia Comercial y con ello incorporó una nueva inteligencia a la teoría de las inteligencias múltiples de Howard Gardner. Actualmente,  todos mis cursos de ventas llevan el nombre de su libro aunque diferentes apellidos. Es mi homenaje a mi pasado y al futuro en constante cambio donde lo único que permanece es la lealtad, la confianza y los valores humanos.

La inteligencia comercial es la suma de muchas inteligencias.
La inteligencia comercial no es un truco para vender más, es una manera de hacer, algo que sale de dentro, que no engaña, que genera confianza.


En breve te informaré del programa y calendario del próximo taller en noviembre en Valencia, donde compartiré contigo las claves que he aprendido durante más de 12 años de venta, relación, conoexión y supervivencia. 
Dirigido a pymes, a profesionales liberales, a vendedores y a «autónomos suicidas» que como yo, tenemos la osadía de vivir sin jefe y trabajar por amor al arte, al nuestro.


Me despido, como siempre, con una cita, hoy de George Sand:

«La inteligencia busca, pero quien encuentra es el corazón».

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