¿Qué significa el propósito de vida?

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El pasado sábado 25 asistí a una conferencia sobre el tratamiento del dolor crónico a través del método SIRPA en La Tetera de Valencia, una organización sin ánimo de lucro con la que comparto valores, creada por y para mujeres.


El término “crónico” se refiere a la duración de más de tres meses, no a su incurabilidad. Más del 17% de la población adulta española sufre de dolor crónico no oncológico, lo que supone que 1 de cada 6 acuden a atención primaria. 


Sabía que las creencias nos influyen y condicionan, lo que no imaginaba es hasta qué punto intervienen en la percepción y génesis del dolor.


Además de la información que Encarna compartió, me llamó especialmente la atención su pasión; de hecho al finalizar nos confesó que el tratamiento del dolor crónico era su propósito de vida. Tema que hoy quiero deshilvanar y compartir contigo.


Una causa típica e invisible de infelicidad es olvidarse de vivir. Hacerlo sin atención, intención, ni propósito. Vivir en base a creencias ajenas, sin
 la coherencia y consistencia que te dan los valores que te definen.


Las creencias a las que me refiero, no son elecciones conscientes, sino dogmas de fe que no cuestionamos en absoluto porque están en nuestro imaginario o en el colectivo: cultura, usos, costumbres, tradición familiar, son algunas de ellas. Creencias que seguimos por inercia, no por convicción. Un matrimonio invisible por conveniencia ajena y no elegida, un vínculo con el statu quo vigente. Ideas aprehendidas o heredadas, pero no aceptadas de forma consciente. Y ahí empiezan muchos de los dolores que nos generan apatía y tristeza, en el mejor de los casos, y
 que nos inhabilitan o impiden ser felices en otros.


Pero volvamos al propósito: creo que la mayoría de las personas sentimos que no lo hemos encontrado, que tal vez se esfumó en la juventud o que ya no somos capaces de alcanzarlo. Ante esa carencia o creencia, nos sentimos frustradas y fracasados.


Funcionamos bajo la tiranía de lo urgente, sin atender a lo importante. Tal vez a la espera de un destino que nos asigne una misión superior. ¿Dónde está escrito eso que llamamos destino? Una actitud pasiva ante la vida, la espera de un milagro que caiga del cielo, aun sabiendo a ciencia cierta que del cielo cae agua y poco más.


Existen algunas y algunos afortunados que viven con un propósito rotundo y sin fisuras, aunque no es lo habitual. También sucede en personas que tras una perdida, una enfermedad grave, un cúmulo de angustia y dolor, o un período errante, encuentran su propósito. Y es que a la fuerza ahorcan, vamos que lo que no te mata te hace más fuerte, te inhabilita o desde luego no te deja indiferente.  


No es necesario verte en semejante aprieto para pararte a pensar, hacer una pausa en tu apretada agenda y cuestionarte si te eres fiel, si honras tus valores, si cultivas tus talentos, si das espacio a tus pasiones, si atiendes a lo importante, a aquello que realmente te hace feliz a ti y a las personas a las que amas. Pequeños actos cotidianos que imprimen significado y sentido a tu vida. 
Dejar de funcionar con el piloto automático. Encontrar tu porqué y tu para qué.


Es saludable y necesario actualizarte, recordarte el carácter fugaz de la vida. Hallar tu propósito no es tarea ajena ni misión imposible puesta en manos de un destino por escribir. Es una cuestión propia, artesana, hecha a mano y con mucho mimo.


¿Qué significa el propósito de vida?


Tal vez tengamos un concepto confuso, expectativas demasiado altas, o la fantasía de ese lugar increíble e intangible llamado destino.


Comparto contigo 4 claves llenas de pragmatismo que a mi me ayudan a encontrarlo:

1.- Se realista. Me gusta cantar pero soy consciente que lo hago peor que mal. No tengo ese talento. Si pusiera el foco y mis expectativas en triunfar en la música estaría abocada al fracaso. Además, tampoco me vuelve loca. Sin embargo, si hay otras cosas que si me entusiasman y se me dan mejor. Escribir por ejemplo, me supone un esfuerzo enorme, mucho tiempo y pocas flores, aún así siento que es algo que debo hacer  y no cejo en mi empeño. 


Busca retos alcanzables, misiones posibles, sueños tangibles. Y sobre todo ponles fecha.

2.- El propósito no te encuentra ¡has de encontrarlo tú!  Algunos trabajos, como el de Encarna, cuyo significado se traduce en ayudar a las personas a entender, superar y solucionar su dolor crónico, se prestan con más facilidad a ofrecer un sentimiento de intención, aunque la mayoría exigen no uno sino muchos esfuerzos deliberados para encontrarlo.


Céntrate en el ser tanto como en el hacer. Refuerza el valor y significado de tu trabajo y de tu vida.

3.- El propósito varía a lo largo del tiempo. Las personas nacemos, crecemos, nos reproducimos o no, maduramos y morimos. Es ley de vida y durante ella atravesamos distintos ciclos: infancia, adolescencia, juventud, maternidad, paternidad, parejas, relaciones, aficiones, por nombrar algunas. En cada una de ellas nuestras prioridades varían y es lógico que el propósito de vida cambie también. Esta evolución vital es natural y no indica una falta de seriedad ni de compromiso. Nuestras motivaciones cambian con el tiempoMi enfoque y propósito a los 20 años era bien distinto de lo que es hoy. Lo mismo podría decir de cualquier persona que conozca. 


Actualiza tu propósito de vida.

4.- El propósito no es algo único. Las vidas de algunas personas parecen tener un único propósito abrumador. Sin embargo, la mayoría no vivimos solo por y para algo único, tenemos fuentes varias de satisfacción, razones diversas para vivir: familia, hijos, pareja, amigos, pasiones, aficiones, aprender, compartir, ayudar a los demás…  Nuestro proyecto de vida no se limita a una sola cosa.  No es un propósito lo que buscamos, sino propósitos que nos ayudan a encontrar valor en nuestro trabajo, sentido a nuestra vidas e intención en nuestra cotidianidad. Los compromisos profesionales son solo una parte. Es más, con frecuencia nuestro trabajo es solo un medio para ser y hacer.


Elimina la presión de tener que encontrar una única cosa con la que dar sentido a tu vida.


Es saludable y necesario dotar de significado a todo lo que hacemos,  permitirnos cambiar y desarrollar de forma orgánica múltiples fuentes de significado en nuestras vidas.


Y
a sabes que el oficio de coach consiste en hacerte preguntas para que seas tú quien encuentres tus propias respuestas. Con esa intención termino mi post de hoy.


Aquí van 8 preguntas para encontrar tus propósitos. Un número que si lo tumbas es el infinito…

  1.  ¿Qué te inspira?
  2. ¿Qué te gusta hacer?
  3. ¿Qué te apasiona?
  4. ¿Qué es único y original de lo que sabes?
  5. ¿Para quién lo haces?
  6. ¿Con quién lo compartes?
  7. ¿Qué es lo que quieren o necesitan de ti?
  8. ¿Cómo cambian las personas como resultado de lo que tú compartes con ellas?

“Puede que no haya ido a donde me propuse ir,  pero creo que terminaré donde debía estar.”
Douglas Adams


¡Te deseo un día lleno de intención y atención!

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2 Comentarios

MAURO dice:

28 noviembre, 2017 a las 6:18 pm

Ada, COMO SIEMPRE COINCIDIMOS EN PARTE Y DISCREPAMOS EN LA OTRA PARTE. EN MI (HUMILDE) OPINION EL 99% TRANSPIRACION 1% INSPIRACIÓN ES TAN POTENTE QUE ASUSTA.
ES TAN BELLO ESO DE ¿QUE TE APASIONA?
UN GRAN Y SABIO AMIGO ME DIJO UNA VEZ “NO ES CUESTIÓN DE QUÉ QUIERES, SINO DE CÚANTO LO QUIERES”.
EN RESUMEN: SI BUSCA UN PRÓPOSITO, ALGO QUE TE APASIONE, QUE TE HAGA LEVANTAR DE LA CAMA DE UN SALTO Y VE A POR ÉL. LO DE “SE ME DA FATAL CANTAR” SUENA A EXCUSA.
EN EL FONDO ¿TU QUE OPINAS?

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admin dice:

29 noviembre, 2017 a las 1:09 am

Querido Mario, opino que no me has escuchado cantar. Gracias por coincidir, solo en parte, y regalarme una sonrisa 🙂 Un abrazo!

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